Era de aquí. Tenía los ojos largos el ciego. Tocia de a estornudos, tenía los labios secos por el frío y le gustaba la sal.
Estatuas en la sal de su niñez, del todopoderoso sueño de tenerlo todo.
Del cristal de su gusto musical, aún inmaduro.
Veía en la ciudad algo más que el frío, sabía que lo iba a enloquecer.
Quería tener un gato y siempre algo para tomar.
Quería también poder escribir bien en las impares.
Quería tener los libros por la mitad.
No le importaba tanto el gato.
Podía ver en los colores algo más que sus nombres. Era un ciego porfiado. Demonio sediento, perdidamente enamorado del viento.
Vivía en el sur, sus ojos largos también. Creía en el mar de los pobres, en la repisa de pueblos blancos que adornaba la Tierra.
Sentía aquella completitud formada por sus sentidos, en aquel particular momento y sabía que eso era vivir.
No le niego mi ignorancia - Replicó cuando le entrevistaron sus sueños aquellos zorros plateados.
Los ojos verdes vidriados y felinos, los métodos de tortura modernos. La devaluación del ¿Y qué?.
miércoles, 1 de julio de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
#214
La fatídica presencia de nuestra historia en la piel de nuestros hijos.
De genes malditos y pueblos fronterizos, impermeables a las guerras y sus gobiernos de facto.
De su sentida y única desaparición, de la gente que se murió preguntando por qué no pasa más el tren.
Del crecimiento del río y su clima bendito, de las puertas abiertas al rocío y los cerrojos vencidos tras nunca haber sido usados.
De mis abuelos, la medicina y el canto siempre de la mano.
La crueldad de sus inviernos pagada por la claridad de su cielo, donde por las noches serenatas surgen y la vía láctea florece.
De allí vengo.
Donde la sonrisa y la solidaridad es reflejo.
Donde los mates por la tarde son más que suficientes.
Yo no nací en mi pueblo, mis genes lo hicieron por mí.
Y por mí deciden volver cada vez que me lo permite en mis bolsillos la suerte.
Para nunca dejar de ser niño, para nunca dejar de crecer.
Brindo por lo que fue y por el cambio, brindo en un mundo que no me pertenece, brindo como mis padres lo hicieron por sus hijos.
Brindo por mi pueblo.
¡Salud!
De genes malditos y pueblos fronterizos, impermeables a las guerras y sus gobiernos de facto.
De su sentida y única desaparición, de la gente que se murió preguntando por qué no pasa más el tren.
Del crecimiento del río y su clima bendito, de las puertas abiertas al rocío y los cerrojos vencidos tras nunca haber sido usados.
De mis abuelos, la medicina y el canto siempre de la mano.
Mi suerte que florece sobre la suerte de mis padres y la suerte de mis padres sobre la suerte de mis abuelos.
La crueldad de sus inviernos pagada por la claridad de su cielo, donde por las noches serenatas surgen y la vía láctea florece.
De allí vengo.
Donde la sonrisa y la solidaridad es reflejo.
Donde los mates por la tarde son más que suficientes.
Yo no nací en mi pueblo, mis genes lo hicieron por mí.
Y por mí deciden volver cada vez que me lo permite en mis bolsillos la suerte.
Para nunca dejar de ser niño, para nunca dejar de crecer.
Brindo por lo que fue y por el cambio, brindo en un mundo que no me pertenece, brindo como mis padres lo hicieron por sus hijos.
Brindo por mi pueblo.
¡Salud!
miércoles, 10 de junio de 2015
#213
Bastardo corazón, increpada enredadera del quehacer mortal.
Bastardo corazón, ¿Dónde fue a parar ese tal Olimpo? ¿Dónde frecuentan ahora los que se creían algo más?
La música ochentosa, bastardo corazón, inyección mental del octapad.
Tengo que cantar, bastardo corazón salí por la garganta. ¡Dale! Trepa y subite al tango digital.
Enseñale de colores, dale de comer vidriera al mundo en un bazar, hablale de Charly y el esquivo Sol invernal.
Enseñale de colores, dale de comer vidriera al mundo en un bazar, hablale de Charly y el esquivo Sol invernal.
La estación de narices frías en un mundo super poblado de noticias.
Narices fritas también, de tanto nadar, de tanta comunicación global.
Narices fritas también, de tanto nadar, de tanta comunicación global.
Bastardo corazón, ¿Qué me decís? ¿Vos jugás? Canillita, rodilla, pecho, pase y carnet de sociedad.
Club feudal de matricerias de olvidar.
García y la noche que se come a mordiscos brutos lo que hay.
¿Qué supones necesitar? Vos marciano de los barrios, bastardo corazón.
Prepotente deambulaste, caballero de cortina, sustantivo por la niebla.
¿Qué mirás che bastardo corazón?
¿Te conozco?
domingo, 24 de mayo de 2015
#212
Algunos estamos destinados a morir.
Sin la sal, sin el convento.
Despojados del show de las mentes taladro y su aburrimiento.
Alguno estamos destinados a vivir.
De la música y del Sol.
De las quemaduras, de las manos y narices frías.
Esta práctica surrealista despoja todo aquello por debajo de tu alfombra, en su paso además procura no correrte de lugar los muebles.
Todos salvo aquellos de más allá quieren que seas feliz.
Los conjuros del mundano, la soberbia del amanecer.
La leña y el fuego.
Lo fácil, lo conveniente, la corriente.
Seguila, ahogate, viví.
Lo difícil es discernir aquello salubre de lo que se quiere.
Lo costoso es cambiar la propia personalidad por una paz que no se merece.
Encontrar lo que querías y dejar de ser por mantenerlo.
La sal y el convento, el sabor de una boca sin hambre.
La música y el Sol, piel de la afonía.
Sin la sal, sin el convento.
Despojados del show de las mentes taladro y su aburrimiento.
Alguno estamos destinados a vivir.
De la música y del Sol.
De las quemaduras, de las manos y narices frías.
Esta práctica surrealista despoja todo aquello por debajo de tu alfombra, en su paso además procura no correrte de lugar los muebles.
Todos salvo aquellos de más allá quieren que seas feliz.
Los conjuros del mundano, la soberbia del amanecer.
La leña y el fuego.
Lo fácil, lo conveniente, la corriente.
Seguila, ahogate, viví.
Lo difícil es discernir aquello salubre de lo que se quiere.
Lo costoso es cambiar la propia personalidad por una paz que no se merece.
Encontrar lo que querías y dejar de ser por mantenerlo.
La sal y el convento, el sabor de una boca sin hambre.
La música y el Sol, piel de la afonía.
jueves, 21 de mayo de 2015
#211
En el cielo la burla infinita del universo fecundo. La paradoja de las muertes que matan, el precipicio de mármol en los muebles. La frialdad de ese cuerpo pequeño y la sal de su sangre hecha lágrimas. La necesidad de vivir repitiendo morir en tu cuerpo. El reloj y la arena, los arrepentimientos.
La rotación desparramada de un eje borracho, lo aleatorio del mar y tus besos. Es mi vida, es mi cielo.
El extraño y su duelo. El dolor en mi pecho. Construir lo que queda de tiempo, mi consuelo.
#210 - Sombras pt 3.
Los ritualistas arremetían contra la nocturna con expresiones de una vida febril, la gran brújula psicópata que guía el corazón de los hombres. El magnífico imán indivisible y su chiste negro.
Los bancos de la vieja plaza siempre hacia el horizonte del este: Una avenida y su plegaria a los mares de cemento, último testimonio de aquel milagro bíblico y su Moisés en el anonimato.
Otro más y ya van cinco, una espera de cinco.
Había tenido parientes lejanos con los contactos adecuados; había tenido éxito y cierta fama consecuente. En pocas palabras una reputación de hacedor y no de palabras.
Ya no se cruzaban de piernas las damas, salvo para ofrecer.
Ya había pasado el momento de ese que se ríe muy fuerte de todo, ya no causaba más gracia.
Verán este fue el problema de la generación del fin del mundo: Tantas herramientas, tantas posibilidades para hacer, tantas facilidades que nunca supimos que carajo queríamos y estaba mal querer porque si. La pasábamos tan rodeados de estímulos y proyectos que quedamos atrapados en ese tornadito purpura que nos lleva por el día sin hacer nada. El libre albedrío se había enamorado.
El dije al tipo que a las nueve, nuestras nueve. Debería aprovechar el tiempo, maltratar el hígado con algunas preguntas por aquí y por allá. La cantina debía de ser la mejor opción, ese nexo con todas las esquinas del lugar, una primitiva Internet que intentaba volver a las bases.
Ella había desaparecido con el despertar de su raza, el conocido nacimiento de la meta-humanidad. Ella era adicta a cambiar, soberbia en su aparente superficialidad se burlaba de los que habían nacido para no mirar más allá. Colorada, rubia y púrpura. Morocha, plateada y carmesí. Me tenía como un pobre perro queriendo olfatear el color de su pelo.
Aún así pude recolectar alguna información: Un mirador de su predilección en esta ciudad esquiva y un hobby oculto como escritora amateur.
¡Qué cliché! Una búsqueda del tesoro. ¿El tesoro? Una poetisa maldita.
Necesitaba adquirir algún texto de su puño y letra.
Había demasiados locos por la pluma dejando sus pequeños agujeros de gusano por todos lados y el mirador no iba a ser la excepción.
jueves, 23 de abril de 2015
#209 - Sombras pt 2.
El huracán, la novedad, lo que no esta escrito.
Esto es, todo aquello que no esta escrito.
A veces sueño poder escapar de esta narración, en mis sueños soy consciente de esta prisión de argumentos cíclicos e incoherentes.
En la vigilia busco encontrarla, darle un cierre a este mundo que ya terminó y se olvidó de sus hijos.
Pero están escritas mis decisiones al despertar y es inevitable sucumbir a un segundo plano, un espectador impotente que perdió su oportunidad de leer la última página del libro.
Hace ya un tiempo dejaron de importar los relojes, desde que nunca más se hizo de día y sus testigos desaparecieron misteriosamente, a nadie parece importarle la hora, a nadie salvo por aquel detective.
Son las 7 PM.
Lo conocí dentro del corazón de todos los suburbios, un castillo de cristal de licor, humo de marihuana y ruido. Tomaba un ruso blanco, llevaba puesta la mirada perdida, parecía que pensaba en nada y se mentía. Me habían hablado de él, solucionaba con la verdad, cobraba con la energía vital de las resoluciones ajenas, te leía los labios mirándote a los ojos.
Le hablé de ella en detalle.
Me preguntó si la amaba y no me dejó responder. Se levantó, prendió un pucho y vistió su rostro con el humo. Me ofreció un reloj.
Mañana. 9 PM. Nuestras 9 PM. - Dijo.
El ruso blanco se perdió entre manos oportunistas. Mi distracción apenas pudo alcanzar su silueta al salir.
En mi palma una servilleta y el lugar de encuentro.
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