domingo, 26 de junio de 2022
cliché
domingo, 15 de mayo de 2022
Reportes
sábado, 5 de febrero de 2022
Cuatro canciones
domingo, 30 de enero de 2022
El premio y la prenda
A veces recordaba lo inexacto y poco explicado de su existencia.
Sentía, entre sus manos, momentos escurrirse apurados fuera de su conciencia.
Advertía lo finito que nos define y nos da materia.
Y su mas allá de la vuelta.
Su vida, cielo y mar, un claro entre dos panes de arena...
Habrá que situarse sobre alguna tela, de forma y colores que nos gusten. No cualquiera.
Habrá que escribir historias que nos devuelvan, algún que otro puñado de arena.
Una vez cumplidos el premio y la prenda.
domingo, 2 de enero de 2022
Se nubló
Se nubló.
Ojalá que llueva.
Parece que se levanta una brisa.
Vendría muy bien.
Está refrescando.
Voy a abrir todo para que corra aire.
Ya se siente olorcito a lluvia.
En cualquier momento...
Compendio de relatos cortos con finales inconclusos y felices.
Entrada N° 15.748
domingo, 26 de diciembre de 2021
# Uno, dos, tres
A veces, el capitán recordaba lo recorrido, entre cuatro paredes con el Sol detrás de sus ojos.
En el fondo del mar había podido encontrar, un sillón de terciopelo azul. Y a pesar del calor que le sabía dar, se sentaba a mirar televisión, en penitencia con el tiempo que le quedaba.
Transpirando en el fondo del mar.
La nicotina y sus dedos encallados lo calmaban los Domingos. Sabía de la música y su poder, sabía de la química y el destino.
Tenía un sueño recurrente, de caída libre sin vértigo. Lo inspiraba la posibilidad de no poder remontar en pleno vuelo.
Eran épocas de vidas cansadas a punto de dejarnos. Con suerte felices y plenas, muy cuidadas.
El capitán sostenía que debíamos ser parte de un todo sin explicación y en constante expansión.
¿Seremos nada más que una pausa interpretada en el tiempo?
¿Será casualidad que nos quedemos sin aire en algún momento?
sábado, 23 de octubre de 2021
Charly, siempre Charly
El Martes pasado por la noche, ya casi llegando al Miércoles, volvía de Neuquén junto a una de mis hermanas.
Transitábamos un momento difícil.
Ella encendió el auto y a unas pocas cuadras el estéreo: Era el piano de Los Dinosaurios y pensé Charly, siempre Charly.
Era una noche estrellada y hermosa en la ruta, la velocidad y la brisa se acompañaban. Siempre, en momentos de incertidumbre, el mundo me presenta calma y belleza. Y allí me situaba una vez más embebido en su eterna ironía... Con Charly, siempre Charly.
Lo descubrí en un Obras Cumbres con sus manos plateadas, un album de mil azules. Tenía tan sólo diez años cuando mi primo me mostró Fantasy y me voló la cabeza.
Recorrí la Ruta del Tentempié e hice mía su plegaría con Alguien en el Mundo Piensa en Mí. Canté el Fantasma de Canterville seguido de Confesiones de Invierno y volví a repetir... Otra vez más y ya van mil.
Es imposible nombrar todas.
Su obra era infinita y cada vez que encontraba una canción nueva me emocionaba. Me sentía inmortal y lo sabía, lo disfrutaba.
En un mundo que todavía desprendía esencia de vainilla con nafta quemada de los noventa, yo me sentía un amable traidor y sonreía ante el smog y la humedad de las paredes de mi Córdoba y su gente.
Ese era mi capricho y era ley.
Gracias Charly.