¿Dónde estarán? ¿Cómo fue que los perdí tan rápido?
¿Y mi moneda?
Desde arriba la Luna ofrecía la tenue claridad que su cuarto menguante le podía permitir. Hacia ambos extremos, las viejas calles de tierra perdían sus horizontes frente a majestuosas siluetas de renegridos Paraísos, inmutables en ese eterno baile, queriendo imitar la brisa. Casas coloniales con sus recuerdos de siglos pasados, perdidos pero presentes en algún que otro inconsciente añoso, terminaban de pintar mi pueblo. Aquellas estructuras aún variando en arquitectura, habitantes y dolores, encontraban similitud en esos pequeños detalles, detalles de mesas afuera, puertas apenas entornadas y mates amargos esperando el rocío.
¡Y qué decir del obsoleto alumbrado público! Historias tan inexplicables como creíbles nacen en estos queridos pueblos. Se sabe decir aún dentre los más callados que el errático comportamiento de los escasos faroles responde a aquellas almas que transitan la noche, ya sea brindando refugio a esos fugaces amantes precoces que con avidez huyen de las doctrinas que les imponen o señalando con migajas de luz el camino de vuelta al hogar de tambaleantes borrachos.
Esta noche el alma bendecida no parecía ser la mía, mi camino había sufrido un apagón. Y para empeorar la situación, la cantidad de monedas que traía conmigo era impar. Supongo que debería explicarles esto último: Desde pequeño siempre tuve mañas particulares, una de estas era la necesidad de llevar siempre una cantidad par de monedas. Elegí par por una cuestión de practicidad, valga la ironía, nunca fui una persona de muchas monedas y me habían enseñado en el colegio que al no tener ninguna, tenia una cantidad par. Nunca les pude seguir del todo la explicación, al parecer sostenían que nada es una cantidad. Idea que siempre me pareció triste y tuve presente. Y si, si me encontraba con una sola moneda la regalaba. Y fue por causa de aquella maña que perdí a mis amigos...
Íbamos caminando todos juntos, eramos mas que diez y menos que treinta. Nos alejábamos de la plaza en la séptima noche de mis vacaciones buscando alguna fiesta, era una curiosa casualidad que fuera Domingo.
¿Habrá sido en la séptima noche?
Acostumbrado a la vida de la ciudad, uno termina sorprendiéndose frente a las cosas más simples de la vida. Así fue como un sapo me hizo llevarme un susto y con este deje caer una de mis monedas en un pequeño matorral. Me demoré buscándola mientras veía a mis amigos doblar en la esquina, al reconocer la dificultad de la búsqueda me apresuré para decirles que me esperen, pero al doblar ya los había perdido. Seguí hasta la siguiente esquina sin éxito alguno y sintiéndome un poco tonto volví a donde mi moneda yacía perdida, pero nunca pude encontrar aquel matorral.
Enseguida pude reconocer que había algo raro en la noche, vagué durante lo que pareció horas escuchando tan solo la brisa en los Paraísos y el quejido de una bicicleta que nunca encontraba descanso.
Cansado y ya sin prisa, le hice compañía a uno de esos mates amargos y juntos esperamos el rocío.
¿Dónde estarán? ¿Cómo fue que los perdí tan rápido?
¿Y mi moneda?
miércoles, 19 de diciembre de 2012
martes, 11 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
#116 (A los 23)
La Luna empieza a llorar y cuando todo es tan plateado hay colores que no pueden entrar. - Charly García.
Nunca pude describir el efecto que causa en mi esa canción, se podría decir de alguna forma que adormece el alma, la refresca y prepara para todo y absolutamente nada, es una especie de siesta espiritual.
A los 23 esa siesta no tendría el mismo efecto, como si hubiera perdido su magia. Tal vez tanto boxeo me había vuelto un sordo emocional o simplemente había echo trampa en el ritual.
A los 23 mi memoria cada vez esta más selectiva y me encuentro débil frente a las cosas que de niño no importaban.
A los 23 me sueño en la cima de una montaña suspirando a la suave brisa de un invierno húmedo y gentil, enredándome con las cosas que me faltan, anhelando perderme en el horizonte. En aquel sueño una dama se aproxima y me observa...
'Flaco ¿Qué te pasa? ¿Estas bien?'
'¿Por qué? Ah vos decís por la cara. No te preocupes por mí, siempre estoy así. Nomas que por ahí pasa que me sale esto de los ojos, te convidaría pero es muy salado y probablemente te contagie algo.'
A los 23 mi mente me engaña más que nunca, me obliga a usar auriculares para no pensar.
A los 23 me imagino cayendo y explotando antes del final. Como cuando niño soñaba con el vértigo.
A los 23 no siento la libertad que te da la felicidad.
A los 23 me siento a esperar que pase un año más.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
#115
Se aproxima la camarera y pide la orden.
A: 'Café negro, por favor'
P: 'Me parece que no vamos a poder organizarnos a tiempo Pelonusa'
A: '¿Vos decís? Mirá que los chicos vienen acomodando las ideas desde hace rato. Parece que realmente saben lo que quieren.'
P: 'Eso es lo que me asusta, particularmente que solo sepan lo que cada uno quiere. Individualmente.'
A: 'No creo, el objetivo siempre fue claro, las intenciones pueden variar pero en sí estaríamos hablando de lo mismo.'
P: 'El condicional te delata bastante.'
A: 'Es que nunca podríamos afirmar con total seguridad. De eso se trata el riesgo.'
P: 'Si, claro pero tiene que haber algún margen razonable.'
Vuelve la camarera con el pedido.
A: 'Gracias, pero te pedí un cortado.'
C: 'Disculpe, enseguida se lo cambio.'
P: '¿Para qué haces eso?'
A: 'Le recuerdo de alguna forma que uno siempre puede estar equivocado, aún dentro de cualquier margen razonable.'
P: 'Pero la chica en realidad no se equivocó.'
A: 'Reconoció un error de su parte, no lo discutió. Eso es lo mismo que haberse equivocado en un principio.'
P: 'Me parece bastante rebuscado.'
A: '¿Qué no lo es?'
P: 'Tal vez pensó que vos te habías equivocado y para ahorrarse la explicación fue y lo cambió directamente.'
A: 'Eso también sería rebuscado.'
P: 'A fin de cuentas podríamos decir que depende más del punto de vista que de otra cosa.'
Se acerca la camarera nuevamente, esta vez con el cortado.
C: 'Aquí tiene señor.'
P: 'Disculpe señorita, sabría usted decirme donde puedo tomar el metro mas cercano hacia el centro.'
C: 'Creería que es a dos cuadras bajando por esta misma calle señor. Pero podría estar equivocándome.'
A: 'Gracias querida, que tengas buen día.'
C:'Igualmente caballeros.'
Se retira.
A: '¡Notable! Uno enseña y el otro te devuelve una enseñanza a cambio.'
P: '¿A qué te referís?'
A: 'Ella te enseño que la gente también se puede equivocar, y eso fue posible gracias a la experiencia del café negro y el cortado.'
P: 'Sigo opinando que es demasiado rebuscado.'
A: 'Vamos se nos hace tarde y los chicos nos esperan.'
P: '¿Y el café Austurio?'
A: 'Me di cuenta que quería negro. Me equivoqué.'
A: 'Café negro, por favor'
P: 'Me parece que no vamos a poder organizarnos a tiempo Pelonusa'
A: '¿Vos decís? Mirá que los chicos vienen acomodando las ideas desde hace rato. Parece que realmente saben lo que quieren.'
P: 'Eso es lo que me asusta, particularmente que solo sepan lo que cada uno quiere. Individualmente.'
A: 'No creo, el objetivo siempre fue claro, las intenciones pueden variar pero en sí estaríamos hablando de lo mismo.'
P: 'El condicional te delata bastante.'
A: 'Es que nunca podríamos afirmar con total seguridad. De eso se trata el riesgo.'
P: 'Si, claro pero tiene que haber algún margen razonable.'
Vuelve la camarera con el pedido.
A: 'Gracias, pero te pedí un cortado.'
C: 'Disculpe, enseguida se lo cambio.'
P: '¿Para qué haces eso?'
A: 'Le recuerdo de alguna forma que uno siempre puede estar equivocado, aún dentro de cualquier margen razonable.'
P: 'Pero la chica en realidad no se equivocó.'
A: 'Reconoció un error de su parte, no lo discutió. Eso es lo mismo que haberse equivocado en un principio.'
P: 'Me parece bastante rebuscado.'
A: '¿Qué no lo es?'
P: 'Tal vez pensó que vos te habías equivocado y para ahorrarse la explicación fue y lo cambió directamente.'
A: 'Eso también sería rebuscado.'
P: 'A fin de cuentas podríamos decir que depende más del punto de vista que de otra cosa.'
Se acerca la camarera nuevamente, esta vez con el cortado.
C: 'Aquí tiene señor.'
P: 'Disculpe señorita, sabría usted decirme donde puedo tomar el metro mas cercano hacia el centro.'
C: 'Creería que es a dos cuadras bajando por esta misma calle señor. Pero podría estar equivocándome.'
A: 'Gracias querida, que tengas buen día.'
C:'Igualmente caballeros.'
Se retira.
A: '¡Notable! Uno enseña y el otro te devuelve una enseñanza a cambio.'
P: '¿A qué te referís?'
A: 'Ella te enseño que la gente también se puede equivocar, y eso fue posible gracias a la experiencia del café negro y el cortado.'
P: 'Sigo opinando que es demasiado rebuscado.'
A: 'Vamos se nos hace tarde y los chicos nos esperan.'
P: '¿Y el café Austurio?'
A: 'Me di cuenta que quería negro. Me equivoqué.'
lunes, 26 de noviembre de 2012
#114
Allí la vio, de piernas cruzadas y faldas que sobran, complicada como ninguna en su pequeño ventanal. Ella nunca supo que le escribía, más aún le decía a través del cristal de su copa que algo le veía hacer pero nunca sabía. El señor nunca pudo nombrar aquello que lo detenía... No se animo, la miro a los ojos de reojo y así le recitó a su vino:
Te beso vino, te encuentro tinto.
Suspiro tu sabor al paisaje de este ventanal de noche y a su demonio circular que plateado baila con la idea de salir a jugar sin importarle el porvenir o el qué dirán.
Me vuelvo a ella y pienso que vaya a saber uno si le canto al vino.
Sobre tus manos en el cristal reposa, y con él un cielo rubí tiñe de recuerdos el momento: Recuerdos de un pueblo con padres, guitarras y madres. Recuerdos de ese niño que las manos de un viejo acompañaba, recuerdos de un árbol, de barros y albahaca.
Me vuelvo a ella y observo sus ojos cuyos acabados de almendra sostenían un mirar firme de atención y cariño, y sus lágrimas que ya se habían acostumbrado al cautiverio volvían a encontrarse en un tenue río de silencioso caudal.
¿Qué rompí?
Me abrazó sin responder y todo desapareció.
lunes, 19 de noviembre de 2012
#113 (El capitán contraataca)
Aún siempre falto de silencios en su inconsciente, supo reponerse del constante temporal de niebla y fiebre que poblaba su presente. Después de todo él debía ser la estrella de ese lugar y sus aspiraciones de vida el motor suficiente. Y así simplemente pecando de haber perdido sus sentidos, una vez más decidió volver a perseguir sus momentos.
“¡Sistemático Facundo! - Silabeó el capitán desde lo más hondo de aquel laberinto de acantilados. Aferrado a las sonrisas fatuas que traía ese viento, sonrisas invertidas y amarillas como ese Sol cuyo nombre llevaba un hogar en su significado, decidió buscarle un final a tanto encierro.
Verán que los delirios del capitán no eran sin causalidad alguna, siendo muy niño supo perderla en un aluvión de preguntas sin respuesta, de callejones sin salida. Era su madre, ese pilar fundacional que sostenía sus manos, manos firmes de palmas al cielo, cuyo hechizo llevaba al Sur los temores de un mundo sin razones pero lleno de prejuicios. Desde ese día el capitán llevó siempre consigo un victimario que lo soltaba y lo volvía a atrapar, el cual colgaba de su cuello y muchas veces lo nombró como su libreto. Así fue como de tal relación surgió una especie de soplo de Estocolmo, aquel sí que era un mal necesario.
“¡O fortuna velut Luna! - Masticó queriendo trepar las paredes de aquella trampa. En otras ocasiones los preparativos habían sido extensos, las travesías eran espontáneas y su piel era la piel del planeta que visitaba, pero un aguijón frío de recuerdos le propinó una caída más allá de las nubes que sostenían sus pies. Invertido como estaba no tuvo tiempo de reaccionar y así fue que decidió abrazar el caos una vez más, la desesperación era su as en la manga. Supo llegar al éxtasis con tan sólo chasquear sus dedos y el frenesí lo encontró subiendo en espiral con su cuerpo salpicado por tantas almas que con un grito comprendió:
“Que la tierra en la que busco caer, sobre la que quiero hacer crecer mi ser, no es más que un mar entreverado de emociones, de compañías imperfectas cuyos hombros siempre están. Tu tierra, tu hogar, es tu gente.
(Te falta un poco de barniz, pero lo dejemos para después!)
“¡Sistemático Facundo! - Silabeó el capitán desde lo más hondo de aquel laberinto de acantilados. Aferrado a las sonrisas fatuas que traía ese viento, sonrisas invertidas y amarillas como ese Sol cuyo nombre llevaba un hogar en su significado, decidió buscarle un final a tanto encierro.
Verán que los delirios del capitán no eran sin causalidad alguna, siendo muy niño supo perderla en un aluvión de preguntas sin respuesta, de callejones sin salida. Era su madre, ese pilar fundacional que sostenía sus manos, manos firmes de palmas al cielo, cuyo hechizo llevaba al Sur los temores de un mundo sin razones pero lleno de prejuicios. Desde ese día el capitán llevó siempre consigo un victimario que lo soltaba y lo volvía a atrapar, el cual colgaba de su cuello y muchas veces lo nombró como su libreto. Así fue como de tal relación surgió una especie de soplo de Estocolmo, aquel sí que era un mal necesario.
“¡O fortuna velut Luna! - Masticó queriendo trepar las paredes de aquella trampa. En otras ocasiones los preparativos habían sido extensos, las travesías eran espontáneas y su piel era la piel del planeta que visitaba, pero un aguijón frío de recuerdos le propinó una caída más allá de las nubes que sostenían sus pies. Invertido como estaba no tuvo tiempo de reaccionar y así fue que decidió abrazar el caos una vez más, la desesperación era su as en la manga. Supo llegar al éxtasis con tan sólo chasquear sus dedos y el frenesí lo encontró subiendo en espiral con su cuerpo salpicado por tantas almas que con un grito comprendió:
“Que la tierra en la que busco caer, sobre la que quiero hacer crecer mi ser, no es más que un mar entreverado de emociones, de compañías imperfectas cuyos hombros siempre están. Tu tierra, tu hogar, es tu gente.
Es una fuerza de gravedad que atrae almas y construye templos, y esa fuerza es tuya. Y eso es lo que le da un significado impronunciable a la inmensidad de este paisaje, con sus luces de noche de ciudad tan hermosa como perdida.”
Y así entre la inmensidad de la galaxia el capitán lo pudo resumir, entendió que todo tenía su principio y su final en una misma sonrisa.(Te falta un poco de barniz, pero lo dejemos para después!)
lunes, 29 de octubre de 2012
#112
Que en la noche me encuentro,
como un puerco-espín alado,
con su aliento de recuerdos,
que son perlas de más finura que mi arena...
Tu arena,
la que pierde entre mis manos,
esas manos, tus manos,
que sabían dar más besos que esa brisa de tormenta,
y el silencio,
expresado entre caricias,
tartamudo en decisiones,
infantiles en recuerdos.
Que en la noche me confieso,
frente al cielo en pleno plexo,
desnudándome a esa voz,
que me habita y acompaña,
que me engaña el inconsciente.
Inconsciente,
que pecando de inocente,
no recuerda ni desmiente,
su pasado y mi presente.
El presente,
que dejaste con tu boca,
que bailaba entre la ropa,
que sabíamos perderlo,
que jugamos al momento.
Que me inspirás.
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