martes, 31 de marzo de 2009

#25


Hubo una vez, en que desperté hacia un sueño. En esa pequeña historia no sabíamos hablar, tampoco escuchar. Pero sabíamos reír, y bailábamos felices entre juegos. Travesuras que eran chistes tontos de movimientos torpes. Y la música lo era todo, un piano simple pero divertido tocaba siempre la misma melodía, que insólitamente no parecía repetirse. A todo esto sólo me falta agregarle el color, que rondaba entre un blanco y negro y un tenue sepia.
Era como vivir en una película sordomuda.

domingo, 29 de marzo de 2009

#24


El caminante marcha, figurando con su oído cuerpos que sólo la imaginación de un caminante puede concebir.

El caminante respira el silencio del presente, recuerdos del pasado actuado.

El caminante va tiñendo el rumbo. Cuadra a cuadra, cielo en cielo. Sus pasos son colores.


Cuando del Sol sólo es dueño el invierno, el caminante enciende su luz de niebla. Escupe melodías de canciones que le gustan tanto pero siempre olvida y juega a filmar películas con sus sentidos.


El caminante aspira el vapor de la gente, gran preocupación llamada ciudad.

El caminante inunda la mente, del que en la calle se detiene a mirar.

El caminante vive sin esperar, en su eterna búsqueda por la sensualidad de la felicidad.


Cuando la Luna dibuja sangre plateada en río del verano, el caminante conduce el viento hasta calmar el silencio. Hace de las miradas verdaderos aplausos y agonías, e intenta poner su radio en sintonía.

Y el caminante perdido va, como Dios de ningún lugar.

miércoles, 25 de marzo de 2009

#23


Aturdido en medio de la noche despertó, bajó al comedor. No había escaleras, no sabía que decir. Bebió sin importar aquella agua de mar, directo desde la heladera. No pudo entender las disculpas, pequeñas líneas de cariño, y se desplomó sobre el sillón. En el ensueño caminaba de la mano del vértigo que le contaba chistes sucios al secreteo, las paredes se volvían piso de repente, jugaban con su gravedad. Le querían recordar que siempre iba a caer y que el sueño era eterno.

“El teatro se quedo sin actores y salió a devorar las calles, insaciable y a punto de reventar” – Cavilé sin perder de vista aquella demoníaca obra maestra.

Parecía despertar, se sentía en el mismo lugar. Estatuas de fuego fatuo jugaban a las cartas en una gran mesa redonda, vigilando al cautivo. Desde lo que supe llamar “la realidad” hace ya mucho tiempo, escuchaba una parte de él: Sus ojos blancos ya, no dejaban de temblar, silbaban una melodía de silencios y pasados poco violentos.

Ese cuerpo necesita algo que quemar, sus cables ya no paran de sangrar. Preocupado y poco sorprendido, recogí su ánima que flotaba perdida entre paredes de aquel lugar que alguna vez aprendí a llamar “la realidad”.

martes, 24 de marzo de 2009

#22


No sé si seré humilde, pido algo más posible que lo que quiero.

Poder curar y romper, olvidarme y ser olvidado.

Dejar el temblor en algún cajón, librar de la duda a mi mirada.

Renacer para morir con la madrugada, dejar de escuchar estos fantasmas.

Quiero pintar mis manos de plateado, vivir de espejo en espejo.

Tomar algo frío y que bien duela, que se sienta.

Pasar mucha vergüenza.

Sólo pido transformarme en música y volar libre entre auriculares.

domingo, 22 de marzo de 2009

#21


Mirábamos al Sol caer, desde aquel lugar que es brisa y ecos lejanos. Se aferraba sin consuelo a esta jungla en movimiento pues sabía que tenía que obedecer al tiempo.

Había algo tan extraño, se sentía tan conocido. El espacio se podía cortar con las manos, una ligera y refrescante soledad.

¿Anochecer? ¿Será costumbre de los citadinos apagar los corazones? – Me pregunté en silencio.

Sin saber porque empecé a gritar:

“Se acerca la tormenta mis queridos pájaros de poca monta. ¡Arriba todos! En el cielo, escuchen atentamente esos gritos. Son los dioses que nos regalan un poco de su libertad. Subamos a los techos todos juntos. Subamos y gritemos por gritar, liberemos las cadenas de nuestra prisión, destruyamos la censura. Nos conquistemos, nos aborrezcamos. Seamos expresión nada más, dejemos de lado a la razón. Respiremos este frío viento que perpetuamente acaba. ¡Por favor dense cuenta que solo existe este momento!”

Muy respetuosamente la tormenta me dejo terminar aquel grito sin razón y comenzó a bailar su pequeño ritual. Ritual que todos desafortunadamente bien sabemos ignorar.

Y yo me dispuse a morir en sus brazos, una vez más…


Tema de Pototo
Intérprete: Almendra
Autor: Eldelmiro Molinari, Luis Alberto Spinetta

Para saber como es la soledad
tendrás que ver que a tu lado no está
quien nunca a ti te dejaba pensar
en donde estaba el bien,
en donde la maldad.
La soledad es un amigo que no está
es su palabra que no ves llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti
tu te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.
Al observar como muere la flor
tu verás que también muere la paz
es que esa paz revivirá en su voz
la flor te la dará para plantarla igual.
La soledad es un amigo que no está
es su palabra que no ves llegar igual.
Si es que sus sueños son luces en torno a ti
tu te das cuenta que él ya nunca ha de morir,
nunca ha de morir.

sábado, 21 de marzo de 2009

#20


La música no me deja escribir, suena cada vez más fuerte. Me obliga a sentir a las apuradas, escupiendo las ideas, sin censura. Surrealista expresión. Esto es filosofía barata, es descripción de lo vivido con un poco de locura.
Autos que vienen y que van, dejando el viento nada más.

Veamos:

Miraba el monitor, espejo condición. Reflejo con derechos de autor. Pedía café, siempre pedía café. Transformaciones de ojos despiertos, veloces y tóxicos. Tiembla el cuerpo, es la emoción. Tiembla al sonar el réquiem de este laborioso sólo de voz. Sudor en la espalda del que camina en la noche sin saber del frío. Sudor que es destino ya conocido, que el caminante ha repetido. Caminar es conocer los momentos, ver gente repetir movimientos que para todos cada vez más nuevos.
Llorando como un niño que cayó, llorando del susto sin dolor. Besos en el cuello, ¿Quién no quiere besos en el cuello? El perfume de la ropa es pasado agridulce, es sonrisa de puños cerrados. Las miradas de a momentos y disfrutar de los silencios. Ya me tiemblan las manos, al café se le fue la mano. Intoxicado trato de volar, aunque sólo sea para encontrar reposo en el árbol más alto. Jugando me alejo, viendo los dados caer entre los vasos que habré de tomar. Pienso: “Este instantáneo tiene que terminar”.

jueves, 19 de marzo de 2009

#19

Los habitantes de ese pueblo me dijeron que detrás de aquellas montañas se encontraba un valle escondido, aun no descubierto por el viento (había que mantener el secreto).
Valle escondido ocultaba único habitante (o por lo menos el más carismático de por ahí): el Gran Árbol, dueño de los siete colores del País del Sol. Se decía que sus raíces recorrían todo el valle y las montañas aledañas. Comunicando vida e Internet banda ancha a todos los pueblos que lo veneraban.
A medida que me acercaba al Gran Árbol, llamado también Árbol de la distribución, una divina sensación de humedad me iba descubriendo. Me tomaba de la mano y me llevaba hacia mi destino en un confort de pocas palabras, como queriendo imitar al viento. Hasta que al fin, después de largas horas de espera, estuve de rodillas frente al dueño de los siete colores. La situación era muy extraña, todavía creo que no hay lugar mas callado que ese. Incluso los sonidos lejanos parecían rebotar contra una pared transparente de respeto y misticismo.
El Gran Árbol hablo en mi cabeza, presentándose con sumo respeto. Al hacer lo mismo casi simétricamente, me dispuse a comenzar con mis preguntas…



De transformaciones


Oh Gran Árbol, le imploro su sabiduría. Quiero entender las transformaciones. – Dije mirando el suelo.

Expectante aquel señor de señores, poderosa imagen mental, me observaba detenidamente como arrinconando a la razón. Y así como quien viene de repente, dio un paso hacia delante, me hizo temblar el alma.

Tú quieres poder jugar con las miradas, concebirlas y finalmente aprender a conocerlas. – Suspiró en una melodía hermosa.

Sonreí frente a tanta verdad tan desconocida y familiar, asentí con la cabeza aún mirando el suelo.

Para entender a las personas tienes que poder llegar a sus ojos, su labia o sus movimientos, levanta tu mirada y píntame por primera vez. – Afirmó aquella voz.

Al primer contacto, surgió algo que ni las propias palabras pueden entender y a través un mensaje se dejo caer, decía así:

“Somos tan diferentes hijo mío, tan únicos y maravillosos, tan entupidos y egoístas. Eso que suelen decir sobre la apreciación es verdad. Figúralo así, cada vez que percibes a alguien (Y eso suele pasar rara vez en este tan poblado continente) esgrimes toda tu subjetividad, toda tu experiencia, toda tu imperfección. Como colores utilizas todo tu complemento y pintas a esa persona en tu memoria (Presente, pasada y futura) en ese mismo lugar, a ese mismo momento. Y así, casi mágicamente, esa alma pierde una parte que pasa a ser tuya, como también tú vives perdiendo algo entre los roces de la existencia. Para lograr comprender las transformaciones de la vida, sus diferentes formas (Formas que son personas) es necesario saber que damos una parte a todo el mundo con sólo estar entre la gente y que la gente nos roba algo que sin saber es suyo también. Si es amor o si es odio, si es atención o indiferencia, no importa. Hay que tener bien claro que no es ajeno ni propio, es de todos.”

Necesitas dormir para aclarar las cosas. - Pronunció y la luz extinguió.


Interludio


Yo poseo una habilidad, bastante particular, casi única (digo casi por que me es imposible demostrarlo en su totalidad). Básicamente puedo dar vida a un mundo entero en mis sueños y poder recordarlo, ahí fue donde tuve mi primera ‘orden’ (si se puede decir es esa manera) de visitar al Gran Árbol. Y así desde mi nacimiento y entre vigilias organicé una gran ciudad llena de imposibles.

Siempre paseo entre las calles, construyendo y recordando. Pero después de las transformaciones, algo diferente deleitaba mi ciudad. Era rojo y viento cálido en las noches (nunca hubo sol en mi ciudad, simplemente no me gustaba), veía a la gente con piel de gallina, todo apocalíptico pero de manos tranquilas.

La distracción era demasiada, no sabía como perdonarme ante esa persona que choque.

No hay problema. – Soltó en respuesta. No me llamó la atención, a pesar de que no la conocía. En mi ciudad mis personas tienen hijos y son sus vidas demasiadas como para conocerlas todas. Le pregunte su nombre, me respondió que los nombres no importan.

Son los silencios lo mas importante de las personas. – Pensé mirando fijamente. Aquella persona sonrío ante mi conclusión sordomuda y persiguió su camino.

Ahí fue cuando desperté…



Nota: Seguir!