jueves, 12 de febrero de 2015

#201

Me envuelve... Imagino real volver a los cigarrillos. Los ojos achinados por el humo, un poco del bueno, el malo y el feo, un poco de pánico y locura en Las Vegas también. La sonrisa en el reverso del rostro, la mirada atenta y perdida. 

Un sólo Dios y es que no importa.
Una calma y un vacío.
Una tolerancia, algo por detrás de lo superficial.
Un poco de felicidad, también un poco de no saber que es lo que hay.

Lugares que no están.
Canciones que vuelven diferentes.
Inmediatamente vuelven diferentes.
No importa cuantas veces suenen.

Pausas y esperas.
Un milenio fugaz.
Sed, hambre.
Libertad.

Entumecido en su mambo va, el pibe orejas de algodón.
Con un gesto casi consensual.

miércoles, 4 de febrero de 2015

#200

Una noche que no se dejaba dormir.

Encendió el mechero con su mano izquierda, lo mantuvo y observo su llama, escucho el suave silbido del gas que escapaba. Sumido en la llama, el metal se calentaba, todo el mundo alrededor crecía y giraba. La música dejaba caricias de psicodelia que se esfumaban al menor contacto. El tacto no pudo más, el fuego volvió sobre si mismo, la caída fue inevitable. Nunca iba a dejar de caer. Afuera, en ese otro mundo, lo rodeaban muebles que luchaban por no ser viejos. A veces lo entristecía el paso del tiempo. Todo debía brillar en el mundo de los nuevos.

El té está caliente, me hace transpirar. Todo me hace transpirar, esta ciudad y su aire espeso. Una sopa de neón, ruido de sirenas y cal. Amo esta ciudad. De vez en cuando la música me inspira, generalmente me bloquea, es demasiado para mí, uno quiere morir cantando. Mi religión habla de dioses cantantes, escenarios infinitos y alguna que otra génesis para el mundo. Terminé el té, el proceso fue complicado, había que cosechar, transportar, envasar, distribuir, comprar, hervir, servir, azucarar. Sigo transpirando. A veces sospecho de mis textos y su supuesto surrealismo, sospecho de un posible inconsciente dirigido. 

Sabía que su inspiración duraría tanto como la llama, debía darle un cierre seco pero llenador como esas canciones de funk que terminan de golpe y no hace falta nada más. Alguien volvería a encender aquel mechero, probablemente él, probablemente para algún té, probablemente no.

Canta una mujer, la conozco como se conocen los extraños. Famosos, internet y otros turbios diseños. Me gusta su voz, ya no transpiro más, el cambio volvió a su lugar. Dice que se siente enferma, dice algo mas también, en su idioma suena sensual. Optimismo a todo color, montañas verdes y un cielo nublado. La brisa que limpia, suave humedad. No terminé de masticar el té, algunas cosas son como chicles para mí, quizás tenga que ver que usé dos saquitos. Volvieron los mosquitos, el dios espiral se fatigó. 

Un primer lunes, un primer viaje.

Volvió a la rutina el caballo afilando los dientes, se había olvidado los auriculares. La humedad sabía molestar, el trasporte público era parte del gris ensimismado de la ciudad. La espera se extendía en la distancia, todos compartían la misma cara. El calor de un sol que no está. Le iba a ser difícil disimular aquel fuego.

Me logré sentar, última hazaña infantil posible en este invento argentino. Desfila la gente en la pasarela de hule, una brisa necia golpea mi cara. Es la velocidad, me explicaron alguna vez. No tengo qué escuchar, salvo historias de encuentros casuales, algunos incómodos, otros divertidos, todos en alguna forma mal guionados por los designios del gran imán. Tarareo una canción que nunca escucho, me suele suceder cuando no tengo qué escuchar. Son cosas que no puedo manejar, como las tildes. 

Un despertar de sábado, un típico aftermath.

Comía papel y escribía, una gitana le había aconsejado que comiera el papel para darle volumen y consistencia a sus textos, él en el fondo quería ganar un premio y ser declarado eterno. Me sorprende pensar en la interminable cantidad de curas para la ansiedad que solían dar los curanderos. No había nada que comer, esa también era la realidad. Lo que necesitaba era café.

Tengo que ir al super, dos tomates y aire frío en la heladera. Piedra preciosa el aire frío. Tengo cansadas las piernas, quizás bailé, quizás fue el gimnasio también, vaya uno a saber. Había lechuga también, mi heladera la congeló, suele hacer esas cosas con la gente que no le gusta. Vaya uno a saber.
Anoche soñé, fue tan vívido el sueño y tan borrosa la vigilia que los confundo con facilidad. Construyo recuerdos a partir de fragmentos de mi inconsciente, busco mensajes que nunca existieron. Voy barajando y repartiendo los momentos, caricaturizando lo que es y lo que no. Fue interesante este sueño, desde la lectura psicológica uno podría pasarse la vida ahondando en significados, muchos obvios hasta para mí.
Soñé con ella. En la radio Sidonie me dice que es un día de mierda, la imagen que pinta es la de un hombre y una resaca setentista, no estoy completamente de acuerdo. Soñé con ella, estaba semi-desnuda reposando y charlaba como si nada. Cómo todo lo que hace, como si nada. Había viajes, visitas, autos, colectivos, amigos, conocidos, cielos para perros y la música suave que escucho. ¿Hasta cuando los sueños forman parte del presente? Ahora suena Miss Cafeína, me gusta su nombre, de polvo y flores el disco. Estoy seguro, su significado en argentino es otro. Nos besábamos y algo no andaba bien, me quería convencer que algo no andaba bien. Le temía hasta en mis propios sueños. Daños colaterales de una vida entera apostando al doble cero. Suena Ciudad Vampira, las canciones a veces tienen razón y a veces no.

Un domingo de lucha, la resistance química.

Había llegado el momento de luchar contra los designios de un día mal acostumbrado por las costumbres paganas. Un dios y su frenético espiritual día de descanso. Había que alimentar, santinar el alma a prueba de pecados y cuchillos afilados por el cielo. Sólo así uno puede concluir que la gente es linda, en sus diferencias bien adentro.

Había tocado fondo el efecto, el placer se diseminaba desde las entrañas hasta el universo. No había punto de retorno, tampoco lo quería. Las teclas producen por cuenta propia, su sonido seco estimula al dios de las cajas de metal y su materia informática intangible. La conexión humana que derroca tímidos, que juzga con errores de ortografía, que muchas veces se come las eses. Estoy en un pasillo a medio recorrer, estoy en el mediodía y mis piernas golpean al ritmo, lo castigan, lo acompañan, aman la música.

Un incumplido.

Llegó hasta donde no debía. Sus cálculos siempre fueron correctos, salvo por el hecho que se mentía. Tenía muchas formas que ocupaban su cabeza, luchaba contra una marea que crecía, se comía sus propios miedos, aceptaba las vergüenzas de quedar expuesto.

Me gustaba y soñaba apagar su mente, ya había resuelto fracasar en aquello tan hablado y pensado. Necesitaba que los días pasaran para poder concretar la esperanza de una falsa calma. La creatividad venenosa que pospone hasta la ultima consecuencia el deber. Tan sólo por un poco más de libertad, por un poco más de juventud, por el irrevocable terror que significa no sentirse niño. Estaba harto de estar muerto, de los placebos y sus precios, de sus negociados con el frágil equilibro del mundo a base de plásticos financieros y metales desechos. Los intereses, los recargos, los demonios del inframundo y su lugar en sociedad. No quería deberle mi vida a ningún Dios, no quería tener prestamistas de mi libertad. Repudiaba lo divino y lo humano, los odiaba por igual. Las melodías cada vez tenían que estar más fuertes, los diques crecían, las grietas con cada sorbo de agua, la respiración y su placer oculto. La gente, los apretones de manos, los besos, las muecas y los lugares oscuros.


A veces no sabe cuando terminar, no encuentra ese arreglo final.

lunes, 19 de enero de 2015

#199

Cómo te dibuja mi mente falda hermosa de mi sierra, mientras me alejo amansando el presente, dando luz a recuerdos. Con la mirada quieta ante el harto desierto de noches menguantes y cemento creciente que anuncia Febrero.
Pronta estación de violines eléctricos, descarrilados sentidos de tempestad y temple.

¿Qué habrá sido de la gente?
 ¿Cuántas almas necesitó la casualidad para esconderte?
 ¿Dónde estábamos cuando te encontré?
 ¿Y cómo fue que resumiste tu pueblo en un laberinto de mesas, pliegos y sueños?

De reojo me apuraste el trago, no había coraje suficiente.

Dicen aquellos, que saben responder los porqués, que hubo un séptimo día y fue de calma... Yo supongo que algo tuviste que ver, se necesitan todas las creencias del mundo para justificar que tu carne es tangible espejismo de todo aquello declarado perfecto. Y tus labios, doy testimonio de esos labios que nunca necesitaron artilugios del rubí para provocar la más espesa e interminable sed que los hombres iban a conocer.

Así era aquel pueblo donde si la suerte lo quería no había río, valle, sierra o Vía Láctea suficiente. 

martes, 23 de diciembre de 2014

#198

Es muy difícil

Es muy difícil dormir en el día de la noche más larga en la historia del mundo.
Querer llegar a contar las estrellas que faltan debajo de tu falda.
Caminar el reflejo del río sin ahondar enamorado profundo en tu latir decidido.

Elegir una dosis de algo tan para siempre.
Poder darle una forma a ese fuego en tu mente.

Devorar el azul de un petróleo maldito.
Y abrazarte a la tierra hasta que te vuelvas un mito.

Es muy difícil el alba, la mañana después de la noche más larga en la historia del mundo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

#197

Why build yourself?

El capitán entendió lo necesario que fue catapultar el alma, ante la inminente comezón que las satíricas ruinas de sí mismo le pronosticaban. El capitán supo bailar entre notas musicales, en escenarios de gente infinitamente desconocida. Empezaba a comprender la trampa del tiempo como una medida universal de lo inevitable y éste era su remedio.
El capitán construyó su cuerpo a sudor y cansancio, sabiendo que nunca iba a ser suficiente. Los juicios eran personales y los espejos encandilaban todo propósito.
Estaba herido el capitán y la galaxia era inacabable.
Masculló en su mente, un castillo de caries dentro de un cabaret.
Regaló sortijas y consejos a los jóvenes pueblos, habitantes de planetas distantes.
Supuso muchas veces que los soles tenían dueños y les devolvió el gesto con un agradecimiento.
Su mundo era el hogar de todos los mundos, un bolsa de nailon más por encima de las demás y de las botellas. Sólo por si acaso alguna se rompiera.
La suerte se apiadó del capitán obsequiándole su naturaleza cíclica. El precio fue un eterno retorno a lo insuperable, un entrenamiento obligado en el inhóspito vacío que se da entre dos astros. Al principio pareció una tortura, los designios eran niños aplastando hormigas, pero tras tantos ciegos y vueltas las llamas que conocía grises tornaron en gemas plateadas y nunca abandonaron su bolsillo.
Muchas veces podías encontrar al capitán en su mirador estelar, le tranquilizaba saber que aunque mirara hacia arriba el universo no tenía cielo.
El cuello de la botella era justamente el cuello de aquella botella. 
Equidistante la sed. Su cero cartesiano, el presente.

Si el universo fuera infinito, si fuera todo repetible en esa infinitud... El capitán podría verse a si mismo, vernos a todos, desde su mirador estelar.

viernes, 5 de diciembre de 2014

#196

2 viernes para Navidad. Sientan el inevitable vértigo que ocasiona dar otra vuelta más en esa rueda de la fortuna y la desgracia que genera la vida misma al intentar comerse la cola eternamente, cual si fuera un perro flotando sin rumbo a través de la Vía Láctea.
¿Qué? ¿Acaso nunca intentaron chuparse el codo?

lunes, 24 de noviembre de 2014

#195

Nunca quise alas, ni un sueño, ni saber si faltan tres para las tres.

Prendo un cigarrillo, la primera pitada y el humo. Son las 12.10 del mediodía, no tengo bien en claro si logré dormir anoche. Puedo verlo todo en el reloj, la información justa y necesaria, y aunque sea digital puedo oír las agujas.

There is a sea of alter egos swimming in the sky. 
There is above and behind, there is the lord and our lies.

Otro cigarrillo, también café, la segunda pitada y más humo. Vendí el reloj al peor postor, necesitaba comprar un poco más de tiempo en este mundo. La entrada es gratis, la permanencia cuesta y se vuelve necesaria.

Digitalized and shit.

Una vuelta más y la montaña rusa es un rompecabezas del vértigo. Me quedé con las agujas del reloj, hay cosas que uno no debe vender: Las promesas, el alma, las agujas.

Here comes the sun, again.

Si no conviene no se hace, demasiado literal. Los favores se hacen polvo y se aspiran, el pulso se sujeta a si mismo. Nunca es suficiente. ¿Otros canales de información? ¿Quién es el mejor?