jueves, 7 de marzo de 2013

#120 (La abducción del Capitán)

Bitácora Nº 743:
  • Me es imposible determinar cuanto llevo girando dentro de esta nebulosa. Según mis cálculos estaría dentro de la trayectoria correcta a una velocidad adecuada. Los instrumentos dejaron de responder hace lo que presumo que son días. La única prueba de que sigo en camino es que sigo envejeciendo con completa normalidad, mi mortalidad pasó a ser mi punto de referencia en el espacio-tiempo. 
Bitácora Nº 754:
  • Extrañas criaturas parece haber invadido la Stratovarius Parlante, los he podido frenar con múltiples obstáculos que mi mente ha creado. Pero la capacidad de la nave de responder ante mis ideas se esta debilitando, claramente han llegado al núcleo neural. Tengo oídos esparcidos por todo el sector y los percibo cada vez más cerca. Pronto llegarán.
Bitácora Nº 784:
  • Último punto de resistencia, golpean la puerta tras de mi. Dicen tener buenos modales y traer placeres exóticos, dicen ignorar lo ambiguo de sus moralidades, dicen que aquella es la única posible. Dicen que no hay sacrificio si uno sabe cuando cerrar las cortinas, dicen cubrirse bajo las sabanas como niños en las oscuras noches de sus conciencias. Dicen que todos los culpables somos inocentes, dicen que el castigo es obligatorio. Digo que su inconsciente colectivo sangra.
Bitácora Nº 792:
  • Esto va a ser lo último que voy a registrar, me tienen contra la espada y la pared. Decido escapar, no puedo concebir que mi naturaleza justifique todo este terror. Si eso es ser humano yo elijo ser aducido, extrañas criaturas las que dicen ser mis pares. Quizás algún día se pueda volver, quizás no sea yo, quizás sean sólo las ideas las que vuelvan. ¡Entraron! Adiós...
El capitán estrelló su cuerpo contra una estrella, se abrigó con el alma de su nave y vagó por ese desierto negro rodeado de tristes velas que tenues brillaban como referencia de aquellos lugares que nunca iba a alcanzar. Las extrañas criaturas ya se iban.


lunes, 25 de febrero de 2013

#119

La fatalidad es una bailarina pendenciera que rara vez despierte motivación alguna en aquellos que la esperan. Es el eterno silencio durante la caída del penúltimo dominó. 


Estamos presentes en los detalles. Último fruto de la convivencia, semilla de la confianza. Sintonía fina, sutil y voluminosa hacedora de lazos, de silencios mutuos en entendimiento. Son las comisuras que va dejando el tiempo cuando la vida crece. Evidencia fundacional de nuestro presente y de un inmutable futuro incierto

Anoche te inventé en un sueño, tenías un cuaderno blanco de grandes pliegos y presumías de tus dibujos. Dibujos que encontraba muertos, con formas perversas y faltos de color. 


Habrá sido el calor con el que dormía o la molestia de unas cuantas copas que lleve conmigo a la cama... 
Los detalles no existían, ya se iban.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

#118

¿Dónde estarán? ¿Cómo fue que los perdí tan rápido?
¿Y mi moneda?

Desde arriba la Luna ofrecía la tenue claridad que su cuarto menguante le podía permitir. Hacia ambos extremos, las viejas calles de tierra perdían sus horizontes frente a majestuosas siluetas de renegridos Paraísos, inmutables en ese eterno baile, queriendo imitar la brisa. Casas coloniales con sus recuerdos de siglos pasados, perdidos pero presentes en algún que otro inconsciente añoso, terminaban de pintar mi pueblo. Aquellas estructuras aún variando en arquitectura, habitantes y dolores, encontraban similitud en esos pequeños detalles, detalles de mesas afuera, puertas apenas entornadas y mates amargos esperando el rocío.
¡Y qué decir del obsoleto alumbrado público! Historias tan inexplicables como creíbles nacen en estos queridos pueblos. Se sabe decir aún dentre los más callados que el errático comportamiento de los escasos faroles responde a aquellas almas que transitan la noche, ya sea brindando refugio a esos fugaces amantes precoces que con avidez huyen de las doctrinas que les imponen o señalando con migajas de luz el camino de vuelta al hogar de tambaleantes borrachos.

Esta noche el alma bendecida no parecía ser la mía, mi camino había sufrido un apagón. Y para empeorar la situación, la cantidad de monedas que traía conmigo era impar. Supongo que debería explicarles esto último: Desde pequeño siempre tuve mañas particulares, una de estas era la necesidad de llevar siempre una cantidad par de monedas. Elegí par por una cuestión de practicidad, valga la ironía, nunca fui una persona de muchas monedas y me habían enseñado en el colegio que al no tener ninguna, tenia una cantidad par. Nunca les pude seguir del todo la explicación, al parecer sostenían que nada es una cantidad. Idea que siempre me pareció triste y tuve presente. Y si, si me encontraba con una sola moneda la regalaba. Y fue por causa de aquella maña que perdí a mis amigos...

Íbamos caminando todos juntos, eramos mas que diez y menos que treinta. Nos alejábamos de la plaza en la séptima noche de mis vacaciones buscando alguna fiesta, era una curiosa casualidad que fuera Domingo.
¿Habrá sido en la séptima noche?
Acostumbrado a la vida de la ciudad, uno termina sorprendiéndose frente a las cosas más simples de la vida. Así fue como un sapo me hizo llevarme un susto y con este deje caer una de mis monedas en un pequeño matorral. Me demoré buscándola mientras veía a mis amigos doblar en la esquina, al reconocer la dificultad de la búsqueda me apresuré para decirles que me esperen, pero al doblar ya los había perdido. Seguí hasta la siguiente esquina sin éxito alguno y sintiéndome un poco tonto volví a donde mi moneda yacía perdida, pero nunca pude encontrar aquel matorral.
Enseguida pude reconocer que había algo raro en la noche, vagué durante lo que pareció horas escuchando tan solo la brisa en los Paraísos y el quejido de una bicicleta que nunca encontraba descanso.
Cansado y ya sin prisa, le hice compañía a uno de esos mates amargos y juntos esperamos el rocío.

¿Dónde estarán? ¿Cómo fue que los perdí tan rápido?
¿Y mi moneda?



martes, 11 de diciembre de 2012

domingo, 2 de diciembre de 2012

#116 (A los 23)

La Luna empieza a llorar y cuando todo es tan plateado hay colores que no pueden entrar. - Charly García.

Ayer volvía cansado de tanto simular, tanto fantasma y tanta ciudad. Algo se echaba a perder, quizás era yo o quizás algún que otro cartón que me había olvidado de tirar. Sabía lo que tenía que hacer, sabia que tenía que volver a ese lugar: Entre a mi habitación cada vez mas encerrado entre los muebles sentí como el tiempo achicaba los espacios, me acosté en el suelo (No sentía verdadero ningún otro sitio.) y puse ese disco, esa canción. Con los brazos bien abiertos y los ojos en silencio, la escuché abrazando la oscuridad, esperando verla entre las luces. Si, esa era la canción 'Ah te vi entre las luces' y esos once minutos fueron de la máquina.
Nunca pude describir el efecto que causa en mi esa canción, se podría decir de alguna forma que adormece el alma, la refresca y prepara para todo y absolutamente nada, es una especie de siesta espiritual.

A los 23 esa siesta no tendría el mismo efecto, como si hubiera perdido su magia. Tal vez tanto boxeo me había vuelto un sordo emocional o simplemente había echo trampa en el ritual.
A los 23 mi memoria cada vez esta más selectiva y me encuentro débil frente a las cosas que de niño no importaban.
A los 23 me sueño en la cima de una montaña suspirando a la suave brisa de un invierno húmedo y gentil, enredándome con las cosas que me faltan, anhelando perderme en el horizonte. En aquel sueño una dama se aproxima y me observa...

'Flaco ¿Qué te pasa? ¿Estas bien?'

'¿Por qué? Ah vos decís por la cara. No te preocupes por mí, siempre estoy así. Nomas que por ahí pasa que me sale esto de los ojos, te convidaría pero es muy salado y probablemente te contagie algo.'

A los 23 mi mente me engaña más que nunca, me obliga a usar auriculares para no pensar.
A los 23 me imagino cayendo y explotando antes del final. Como cuando niño soñaba con el vértigo.
A los 23 no siento la libertad que te da la felicidad.
A los 23 me siento a esperar que pase un año más.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

#115

Se aproxima la camarera y pide la orden.
A: 'Café negro, por favor'
P: 'Me parece que no vamos a poder organizarnos a tiempo Pelonusa'
A: '¿Vos decís? Mirá que los chicos vienen acomodando las ideas desde hace rato. Parece que realmente saben lo que quieren.'
P: 'Eso es lo que me asusta, particularmente que solo sepan lo que cada uno quiere. Individualmente.'
A: 'No creo, el objetivo siempre fue claro, las intenciones pueden variar pero en sí estaríamos hablando de lo mismo.'
P: 'El condicional te delata bastante.'
A: 'Es que nunca podríamos afirmar con total seguridad. De eso se trata el riesgo.'
P: 'Si, claro pero tiene que haber algún margen razonable.'
Vuelve la camarera con el pedido.
A: 'Gracias, pero te pedí un cortado.'
C: 'Disculpe, enseguida se lo cambio.'
P: '¿Para qué haces eso?'
A: 'Le recuerdo de alguna forma que uno siempre puede estar equivocado, aún dentro de cualquier margen razonable.'
P: 'Pero la chica en realidad no se equivocó.'
A: 'Reconoció un error de su parte, no lo discutió. Eso es lo mismo que haberse equivocado en un principio.'
P: 'Me parece bastante rebuscado.'
A: '¿Qué no lo es?'
P: 'Tal vez pensó que vos te habías equivocado y para ahorrarse la explicación fue y lo cambió directamente.'
A: 'Eso también sería rebuscado.'
P: 'A fin de cuentas podríamos decir que depende más del punto de vista que de otra cosa.'
Se acerca la camarera nuevamente, esta vez con el cortado.
C: 'Aquí tiene señor.'
P: 'Disculpe señorita, sabría usted decirme donde puedo tomar el metro mas cercano hacia el centro.'
C: 'Creería que es a dos cuadras bajando por esta misma calle señor. Pero podría estar equivocándome.'
A: 'Gracias querida, que tengas buen día.'
C:'Igualmente caballeros.'
Se retira.
A: '¡Notable! Uno enseña y el otro te devuelve una enseñanza a cambio.'
P: '¿A qué te referís?'
A: 'Ella te enseño que la gente también se puede equivocar, y eso fue posible gracias a la experiencia del café negro y el cortado.'
P: 'Sigo opinando que es demasiado rebuscado.'
A: 'Vamos se nos hace tarde y los chicos nos esperan.'
P: '¿Y el café Austurio?'
A: 'Me di cuenta que quería negro. Me equivoqué.'

lunes, 26 de noviembre de 2012

#114


Allí la vio, de piernas cruzadas y faldas que sobran, complicada como ninguna en su pequeño ventanal. Ella nunca supo que le escribía, más aún le decía a través del cristal de su copa que algo le veía hacer pero nunca sabía. El señor nunca pudo nombrar aquello que lo detenía... No se animo, la miro a los ojos de reojo y así le recitó a su vino:

Te beso vino, te encuentro tinto. 

Suspiro tu sabor al paisaje de este ventanal de noche y a su demonio circular que plateado baila con la idea de salir a jugar sin importarle el porvenir o el qué dirán.

Me vuelvo a ella y pienso que vaya a saber uno si le canto al vino.

Sobre tus manos en el cristal reposa, y con él un cielo rubí tiñe de recuerdos el momento: Recuerdos de un pueblo con padres, guitarras y madres. Recuerdos de ese niño que las manos de un viejo acompañaba, recuerdos de un árbol, de barros y albahaca.

Me vuelvo a ella y observo sus ojos cuyos acabados de almendra sostenían un mirar firme de atención y cariño, y sus lágrimas que ya se habían acostumbrado al cautiverio volvían a encontrarse en un tenue río de silencioso caudal.

¿Qué rompí?
Me abrazó sin responder y todo desapareció.