lunes, 26 de noviembre de 2012

#114


Allí la vio, de piernas cruzadas y faldas que sobran, complicada como ninguna en su pequeño ventanal. Ella nunca supo que le escribía, más aún le decía a través del cristal de su copa que algo le veía hacer pero nunca sabía. El señor nunca pudo nombrar aquello que lo detenía... No se animo, la miro a los ojos de reojo y así le recitó a su vino:

Te beso vino, te encuentro tinto. 

Suspiro tu sabor al paisaje de este ventanal de noche y a su demonio circular que plateado baila con la idea de salir a jugar sin importarle el porvenir o el qué dirán.

Me vuelvo a ella y pienso que vaya a saber uno si le canto al vino.

Sobre tus manos en el cristal reposa, y con él un cielo rubí tiñe de recuerdos el momento: Recuerdos de un pueblo con padres, guitarras y madres. Recuerdos de ese niño que las manos de un viejo acompañaba, recuerdos de un árbol, de barros y albahaca.

Me vuelvo a ella y observo sus ojos cuyos acabados de almendra sostenían un mirar firme de atención y cariño, y sus lágrimas que ya se habían acostumbrado al cautiverio volvían a encontrarse en un tenue río de silencioso caudal.

¿Qué rompí?
Me abrazó sin responder y todo desapareció.

lunes, 19 de noviembre de 2012

#113 (El capitán contraataca)

Aún siempre falto de silencios en su inconsciente, supo reponerse del constante temporal de niebla y fiebre que poblaba su presente. Después de todo él debía ser la estrella de ese lugar y sus aspiraciones de vida el motor suficiente. Y así simplemente pecando de haber perdido sus sentidos, una vez más decidió volver a perseguir sus momentos.

“¡Sistemático Facundo! - Silabeó el capitán desde lo más hondo de aquel laberinto de acantilados. Aferrado a las sonrisas fatuas que traía ese viento, sonrisas invertidas y amarillas como ese Sol cuyo nombre llevaba un hogar en su significado, decidió buscarle un final a tanto encierro.

Verán que los delirios del capitán no eran sin causalidad alguna, siendo muy niño supo perderla en un aluvión de preguntas sin respuesta, de callejones sin salida. Era su madre, ese pilar fundacional que sostenía sus manos, manos firmes de palmas al cielo, cuyo hechizo llevaba al Sur los temores de un mundo sin razones pero lleno de prejuicios. Desde ese día el capitán llevó siempre consigo un victimario que lo soltaba y lo volvía a atrapar, el cual colgaba de su cuello y muchas veces lo nombró como su libreto. Así fue como de tal relación surgió una especie de soplo de Estocolmo, aquel sí que era un mal necesario.

“¡O fortuna velut Luna! - Masticó queriendo trepar las paredes de aquella trampa. En otras ocasiones los preparativos habían sido extensos, las travesías eran espontáneas y su piel era la piel del planeta que visitaba, pero un aguijón frío de recuerdos le propinó una caída más allá de las nubes que sostenían sus pies. Invertido como estaba no tuvo tiempo de reaccionar y así fue que decidió abrazar el caos una vez más, la desesperación era su as en la manga. Supo llegar al éxtasis con tan sólo chasquear sus dedos y el frenesí lo encontró subiendo en espiral con su cuerpo salpicado por tantas almas que con un grito comprendió:
“Que la tierra en la que busco caer, sobre la que quiero hacer crecer mi ser, no es más que un mar entreverado de emociones, de compañías imperfectas cuyos hombros siempre están. Tu tierra, tu hogar, es tu gente.

Es una fuerza de gravedad que atrae almas y construye templos, y esa fuerza es tuya. Y eso es lo que le da un significado impronunciable a la inmensidad de este paisaje, con sus luces de noche de ciudad tan hermosa como perdida.”
Y así entre la inmensidad de la galaxia el capitán lo pudo resumir, entendió que todo tenía su principio y su final en una misma sonrisa.

(Te falta un poco de barniz, pero lo dejemos para después!)

lunes, 29 de octubre de 2012

#112


Que en la noche me encuentro,
como un puerco-espín alado,
con su aliento de recuerdos,
que son perlas de más finura que mi arena... 

Tu arena,
la que pierde entre mis manos,
esas manos, tus manos,
que sabían dar más besos que esa brisa de tormenta,
y el silencio,
expresado entre caricias,
tartamudo en decisiones,
infantiles en recuerdos.

Que en la noche me confieso,
frente al cielo en pleno plexo,
desnudándome a esa voz,
que me habita y acompaña,
que me engaña el inconsciente.

Inconsciente,
que pecando de inocente,
no recuerda ni desmiente,
su pasado y mi presente.

El presente,
que dejaste con tu boca,
que bailaba entre la ropa,
que sabíamos perderlo,
que jugamos al momento.

Que me inspirás. 

martes, 9 de octubre de 2012

#111


Hmm a ver...
Estoy en el lugar y debería ser el momento, café listo, cuaderno y pluma como izquierda y derecha. Empecemos:

Bitácora Nº … ¿Cuál era el número? Sinceramente perdí la cuenta de tanto subir y bajar el ascensor. ¡Bah después lo veo! El fin de semana fue complicado, la lluvia fue una constante y larga bajada de línea que entorpecía mis delírium trémens aunque sin mayores sobresaltos tengo que admitir. Eventualmente la ropa terminó con manchas extrañas de dudosa procedencia, un misterio más de la noche cordobesa diría, y las mismas probaron ser resistentes a numerosos lavados, de acá no volvés le decía el fin de semana.
Mi salud terminó pagando el precio final y mi corazón recordó su más profundo dolor, de completitud mi alma no iba a conocer jamás. Aún así acá estoy con cuaderno y pluma como izquierda y derecha, abrumado por no saber qué será de mi y de lo que supe construir.
En silencio me retiro, caminando bien sujeto a esta bajada de línea, tratando de aprender a silbar como los que caminando olvidan.

lunes, 17 de septiembre de 2012

#110

Con una sonrisa a medio terminar, le dedico a mi tiempo una canción.
La repito cuando acaba y muy de vez en cuando busco alguna nueva.
Hablaba del amor ¿Y quién no?
Leí algo que decía: El amor... ¿Que miedo no?


La soledad es esa lágrima que no quiere salir, que vas a llorar después.
No podés evitarlo, te imaginas algún desenlace alternativo... ¿Qué hubiera sido si?
Necesitas estar en movimiento para no caer, necesitas de multitudes, ruidos y promesas de noche. Le pedís a tu ángel de turno una sinfonía de luces de ciudad, vientos de libertad y algún veneno por el cual morir.
Suspiras sin propósito temblando al elegir el camino a seguir, no te importa pero necesitas el movimiento. La dejaste sola y no hay más que decir, hay tragarse todo cuando no se puede escupir.
Reconstruís en tu mente lo vivido, en busca de alguna explicación, algún ticket de vuelta hacia esos momentos claves, una cura retroactiva para alma.
No hay nada más que decir, hay que saber aceptar al muerto. Hay que saber cuándo morir.
Intentás algún contacto cobarde y te arrepentís, esperás respuesta que nunca llega.
No podés creer el tiempo que pasó, hay veces que pienso que la vida no se da un momento para disfrutar.
La soledad es esa lágrima que no quiere salir, que vas a llorar después.

martes, 11 de septiembre de 2012

#109

A: Tengo frío.
B: Yo tengo un desequilibrio espiritual muy groso.

¡Si! Te levantas y el mundo esta a tus pies, de cabeza pero a tus pies... Un gran vacío en el tiempo llena tu mente y de repente: ¡Boom! Aparece ese dolor punzante, hay cierta hipersensibilidad y algún arrepentimiento mentiroso, sea un martes de mañana y tarde o un miércoles con aires tormenta y noche... Tu cuerpo te dice al pasar que estas perdiendo el último de esos trenes atrasados, mas no importa vos sabes que no llevan a ningún lado y que todo se puede disimular.

El capitán suspiraba maltrecho entre rebuscados recovecos de humildades pérdidas por alguna que otra sobredosis de paz. Sus auriculares impedían el esfuerzo de ignorar al pobre vendedor y su discurso, aún así quiso ofrecer alguno de sus fatuos papeles, pero el vendedor orgulloso de su incomprendido talento le dijo: “¿Por qué? Si no escuchaste nada de lo que dije.”
El capitán siguiendo aquel suspiro dijo: “No es importante, nunca se saben los detalles.”
Aceptando su locura no dispuso una palabra y en modo de respuesta tomó el dinero, luego se perdió y el capitán siguió ese mundo tras el cristal buscando perderlo todo en alguna que otra sobredosis de paz...

¿Construiste alguna historia hoy? ¿Dejaste caer al Sol?
¿Encontraremos aquel camino que nos llevó a ese pueblo donde el mar se hunde en un cielo que duerme?

We welcome the spring with our arms wide open and our hearts willing to break the ground, we welcome the change... This is our lullaby for the winter!

lunes, 6 de agosto de 2012

#107

Era un sueño, de esos de temer y olvidar. Era un taxi, su destino equivocado, desconocido... Mis acompañantes, conocidos sin rostro, una sensación de pertenencia hacia los extraños propia de los sueños. 

Llegamos a un lugar, se sentía como un obstáculo en mi camino. Una iglesia, alta como ninguna, cuya forma cambiaba lentamente, alrededor caminos circulares formaban un estacionamiento, todo aquello parecía abandonado. Había también un puente, que parecía no tener ingreso, servía de túnel, como estableciendo un punto de vuelta atrás. Volví al taxi, minutos antes, sabía a donde iba, entendí que se tenía que justificar el déjà vu que iba a experimentar, y la iglesia llegó otra vez, pero era distinto... 

Debajo de aquel arco que formaba el puente, había un cuerpo y era cierto que estaba muerto. El hecho que estuviera rodeado de velas me lo decía. A través del túnel se podía ver el estacionamiento repleto de velas de tamaños irreales. El déjà vu se mantuvo ausente frente al terror que experimentaba, mis acompañantes parecían inexistentes ante la inminente derrota que significó encontrarme también con decenas de figuras que con cuyas ropas negras parecían quitarle su propósito a las llamas. 

Era inminente que vendrían a buscarnos, era inmediato pensar en un destino inerte. Quería huir, pero el conductor corría hacia el cuerpo, lo quería salvar. Ahí supe que no había lugar en un sueño para tanta irrealidad, que la situación suponía algún mensaje pues nada sin propósito hace tanto tanto eco en uno. Entendí que el déjà vu no debía pasar, que no tenia que volver a empezar y pensé que quizás ese cuerpo era yo, el miedo había frustrado mi propia salvación, verán el instinto también puede fallar.


Pero el sueño no pudo concluir, la imagen se congeló, el tiempo se estiró infinitamente hacia la inerte soledad de un cuadro... Si, destino inerte. Y desperté.

Sobre mis propios pies pensé y al costado de esa cama olvide mi sueño, al fin y al cabo era de esos de temer y olvidar. Tenía ganas que lloviera, quizás para ir recordando la primavera o quizás para apagar esas velas. ¿Había vuelta atrás?