martes, 9 de octubre de 2012

#111


Hmm a ver...
Estoy en el lugar y debería ser el momento, café listo, cuaderno y pluma como izquierda y derecha. Empecemos:

Bitácora Nº … ¿Cuál era el número? Sinceramente perdí la cuenta de tanto subir y bajar el ascensor. ¡Bah después lo veo! El fin de semana fue complicado, la lluvia fue una constante y larga bajada de línea que entorpecía mis delírium trémens aunque sin mayores sobresaltos tengo que admitir. Eventualmente la ropa terminó con manchas extrañas de dudosa procedencia, un misterio más de la noche cordobesa diría, y las mismas probaron ser resistentes a numerosos lavados, de acá no volvés le decía el fin de semana.
Mi salud terminó pagando el precio final y mi corazón recordó su más profundo dolor, de completitud mi alma no iba a conocer jamás. Aún así acá estoy con cuaderno y pluma como izquierda y derecha, abrumado por no saber qué será de mi y de lo que supe construir.
En silencio me retiro, caminando bien sujeto a esta bajada de línea, tratando de aprender a silbar como los que caminando olvidan.

lunes, 17 de septiembre de 2012

#110

Con una sonrisa a medio terminar, le dedico a mi tiempo una canción.
La repito cuando acaba y muy de vez en cuando busco alguna nueva.
Hablaba del amor ¿Y quién no?
Leí algo que decía: El amor... ¿Que miedo no?


La soledad es esa lágrima que no quiere salir, que vas a llorar después.
No podés evitarlo, te imaginas algún desenlace alternativo... ¿Qué hubiera sido si?
Necesitas estar en movimiento para no caer, necesitas de multitudes, ruidos y promesas de noche. Le pedís a tu ángel de turno una sinfonía de luces de ciudad, vientos de libertad y algún veneno por el cual morir.
Suspiras sin propósito temblando al elegir el camino a seguir, no te importa pero necesitas el movimiento. La dejaste sola y no hay más que decir, hay tragarse todo cuando no se puede escupir.
Reconstruís en tu mente lo vivido, en busca de alguna explicación, algún ticket de vuelta hacia esos momentos claves, una cura retroactiva para alma.
No hay nada más que decir, hay que saber aceptar al muerto. Hay que saber cuándo morir.
Intentás algún contacto cobarde y te arrepentís, esperás respuesta que nunca llega.
No podés creer el tiempo que pasó, hay veces que pienso que la vida no se da un momento para disfrutar.
La soledad es esa lágrima que no quiere salir, que vas a llorar después.

martes, 11 de septiembre de 2012

#109

A: Tengo frío.
B: Yo tengo un desequilibrio espiritual muy groso.

¡Si! Te levantas y el mundo esta a tus pies, de cabeza pero a tus pies... Un gran vacío en el tiempo llena tu mente y de repente: ¡Boom! Aparece ese dolor punzante, hay cierta hipersensibilidad y algún arrepentimiento mentiroso, sea un martes de mañana y tarde o un miércoles con aires tormenta y noche... Tu cuerpo te dice al pasar que estas perdiendo el último de esos trenes atrasados, mas no importa vos sabes que no llevan a ningún lado y que todo se puede disimular.

El capitán suspiraba maltrecho entre rebuscados recovecos de humildades pérdidas por alguna que otra sobredosis de paz. Sus auriculares impedían el esfuerzo de ignorar al pobre vendedor y su discurso, aún así quiso ofrecer alguno de sus fatuos papeles, pero el vendedor orgulloso de su incomprendido talento le dijo: “¿Por qué? Si no escuchaste nada de lo que dije.”
El capitán siguiendo aquel suspiro dijo: “No es importante, nunca se saben los detalles.”
Aceptando su locura no dispuso una palabra y en modo de respuesta tomó el dinero, luego se perdió y el capitán siguió ese mundo tras el cristal buscando perderlo todo en alguna que otra sobredosis de paz...

¿Construiste alguna historia hoy? ¿Dejaste caer al Sol?
¿Encontraremos aquel camino que nos llevó a ese pueblo donde el mar se hunde en un cielo que duerme?

We welcome the spring with our arms wide open and our hearts willing to break the ground, we welcome the change... This is our lullaby for the winter!

lunes, 6 de agosto de 2012

#107

Era un sueño, de esos de temer y olvidar. Era un taxi, su destino equivocado, desconocido... Mis acompañantes, conocidos sin rostro, una sensación de pertenencia hacia los extraños propia de los sueños. 

Llegamos a un lugar, se sentía como un obstáculo en mi camino. Una iglesia, alta como ninguna, cuya forma cambiaba lentamente, alrededor caminos circulares formaban un estacionamiento, todo aquello parecía abandonado. Había también un puente, que parecía no tener ingreso, servía de túnel, como estableciendo un punto de vuelta atrás. Volví al taxi, minutos antes, sabía a donde iba, entendí que se tenía que justificar el déjà vu que iba a experimentar, y la iglesia llegó otra vez, pero era distinto... 

Debajo de aquel arco que formaba el puente, había un cuerpo y era cierto que estaba muerto. El hecho que estuviera rodeado de velas me lo decía. A través del túnel se podía ver el estacionamiento repleto de velas de tamaños irreales. El déjà vu se mantuvo ausente frente al terror que experimentaba, mis acompañantes parecían inexistentes ante la inminente derrota que significó encontrarme también con decenas de figuras que con cuyas ropas negras parecían quitarle su propósito a las llamas. 

Era inminente que vendrían a buscarnos, era inmediato pensar en un destino inerte. Quería huir, pero el conductor corría hacia el cuerpo, lo quería salvar. Ahí supe que no había lugar en un sueño para tanta irrealidad, que la situación suponía algún mensaje pues nada sin propósito hace tanto tanto eco en uno. Entendí que el déjà vu no debía pasar, que no tenia que volver a empezar y pensé que quizás ese cuerpo era yo, el miedo había frustrado mi propia salvación, verán el instinto también puede fallar.


Pero el sueño no pudo concluir, la imagen se congeló, el tiempo se estiró infinitamente hacia la inerte soledad de un cuadro... Si, destino inerte. Y desperté.

Sobre mis propios pies pensé y al costado de esa cama olvide mi sueño, al fin y al cabo era de esos de temer y olvidar. Tenía ganas que lloviera, quizás para ir recordando la primavera o quizás para apagar esas velas. ¿Había vuelta atrás?

domingo, 15 de julio de 2012

#108 (¿Qué sería?)

En el espacio infinito entre nebulosas de colores encontrados. Es eso o el central verde.
Verán que si de inventar mundos se trata, nunca faltan las razones:
El caminante sabia de a momentos su destino, no era fácil, siempre se perdía en un suspiro boquiabierto de recuerdos ofuscados por una existencia suspendida en algo más que aire y dinero. Cuando no olvidaba construía momentos, aún siendo consciente de su remota y frágil subsistencia. Su camino estaba condenado al cambio, solo hacía falta una mirada cruzada, un accidentado choque o la brisa de alguna estación pereciendo, y su historia era otra nacida de ese evento y el caminante sonreía perdido habiendo olvidado su pasado, como quien se levanta rápido para evitar la vergüenza luego de haber caído torpemente.
¿Y si todos fueramos así? ¿Qué sería de la rutina si nuestras vidas cambiarán segundo a segundo con cada contacto, que sería de un paseo por tu ciudad, de tus amigos y de tu día, y a donde volverías? ¿Volverías?
¿Sentiríamos nostalgia?
¿Y qué sería de la soledad?
Espero que sepan aceptar mis disculpas, mi intencion nunca fue aturdir. Tan sólo quiero ver más allá de mi nariz y olvidar.

martes, 22 de mayo de 2012

#104


No sé que habrá sido, si un sueño o alguna experiencia sutil desdibujada en el silencio de un merecido descanso, pero esa mañana desperté y era inmortal. Así lo decía algo bien adentro mío quizás por la infinitud presente en una vida que recién comienza, típica condición del adolescente sin porvenir, o quizás por el inminente terror que mi mente había programado experimentar. 

En fin, era hora según mi despertador y como costumbre le dedique el más sincero de mis odios. Estaba notoriamente oscuro, faltaba la tenue luz que suspira una mañana de invierno y el viento sonaba fuerte y preciso. 'Un día de mierda' - Murmuré desde mis entrañas. Noté como la oscuridad trascendía cuando descubrí la falta de electricidad, pensé en las trémulas experiencias del hombre moderno mientras observaba la cafetera eléctrica en un accidentado cuadro de naturaleza muerta. Largo y tendido fue el suspiro que se dio durante todo el desayuno, por alguna extraña razón mi fiel diariero aún no había dejado su impronta bajo la puerta. 

El pánico no sucedió ni con la falta de energía, ni con el teléfono presuntamente sin servicio, fue si no cuando el timbre sonó y ese fue mi primer indicio de la pesadilla, verán los timbres no suenan porque sí y mucho menos sin energía. Abrí la puerta con el coraje que te da escepticismo y alguna que otra ceguera y al segundo que noté el diario sentí la urgencia de tomarlo y cerrar la puerta rápido como un niño asustado que corre a través de un pasillo oscuro, pero no había ningún santuario al final, la humedad en mis manos y un inequívoco rojo en el papel me hicieron perder el equilibrio. 'Hijos de mil puta' - Grité temblando. Me sentí viejo al caer en esa broma y juré venganza contra sus autores.

Era tarde y me apresuré a tomar el colectivo, había una tormenta de tierra y me vi obligado a usar una vieja linterna que milagrosamente resistía el tiempo. Cada tanto relámpagos iluminaban las calles y se podía ver gente a lo lejos, con sus cosas y en sus mundos. Los sentí inalcanzables, estaba fuera de lugar como si eso que constantemente nos aleja unos de otros hubiera tomado forma. El camino fue largo y cuesta arriba, pero eso era de esperarse dadas las condiciones. Estaba sólo en la parada, aparentemente había perdido el viaje por algunos minutos, los relámpagos se hicieron mas repentinos con más gente en cada nuevo destello y cada vez mas cerca, como si fueran sombras dando saltos. La claustrofobia no tardó en llegar y una transpiración fría fue indicio de mi desesperación, afortunadamente el colectivo llegó justo a tiempo.

Alguien subió antes que yo, tenía el cabello largo y rubio y parecía compartir mi desasosiego. 'Esto pasa cuando te morís' - Dijo mientras nuestras caras se desfiguraban al ver que nuestro transporte se movía falto de un conductor. Pero eso era lo de menos, a través de los vidrios se podía ver la ciudad con un Sol de mediodía en todo su esplendor rutinario. Ella perdió sus cabales ante tremenda paradoja y yo instruido a pensar cada uno de mis movimientos observé como saltaba rompiendo el cristal hacia la seguridad de lo cotidiano, pero era una trampa: Con el cristal también se rompió la ilusión y un manotazo de oscuridad se apodero de su ser y pude sentir el desgarro de su alma en un afónico llanto final. 'Eso te pasa cuando morís ya estando muerto' - Suspiré mientras la ventana se reparaba sola y el colectivo seguía su viaje sin destino. 

(Le continuar...)

martes, 1 de mayo de 2012

#106

Nítida la veía caer entre tantos vasos perdidos por la sien.
Había un Joaquín, un café y la vulnerabilidad de un corte de pelo malo.
La tristeza del Domingo declaraba asueto cuando en sus ojos encontraron un momento.
Élla decía querer volar en un sueño hacia el futuro, Él poder abrazar al Rey de la mentira y ahogarlo en su mar de pueblos fantasmas.
Siempre con un revolver en su derecha, la felicidad sabía retirarse antes de tiempo.
Pues ya saben, había diferentes citas en sus agendas, y acabar le dicen cuando terminan.
Y apuntó Joaquín desde su lugar de fondo, con una de esas frases que identifican a tantos. Y el café cayó de golpe como punto final y derramó silencios... La tristeza acordó con el Gobierno alguna que otra distracción y a la cuenta la pagaron sus destinos...
¿Qué hacer sino aprender que terminar le dicen cuando acaban?